¿Puede Llegar La Paz a Venezuela?

"Muchos se imaginan que para ser espiritual hay que consagrarse a la meditación y a la oración. Sin embargo, cualquier trabajo, incluso espiritual, se convierte en algo extremadamente prosaico cuando no introducimos en él una idea sublime, un ideal superior; y al contrario, cualquier trabajo prosaico puede ser espiritualizado si sabemos introducir en él un elemento divino. La espiritualidad no consiste en rechazar toda actividad física, material, sino en hacer todo en aras de la luz, para la luz y por la luz. La espiritualidad es saber utilizar cualquier trabajo para elevarse, para armonizarse, para unirse a Dios"."

El hombre que es capaz de sentir a Dios dentro de sí mismo, se identifica con Él y experimenta una transformación en su inteligencia y en su corazón que le hace sentirse plenamente dichoso.

Al identificarnos con nuestro Padre Celestial, nos fusionamos, nos volvemos uno con El, y abrimos nuestro ojo interno a un mundo maravilloso de donde podemos obtener ese oro llamado verdad. Y podemos comprender que el hombre es un espíritu, una chispa salida de Dios y que volverá un día a Dios. Cuando el hombre comprende esta verdad, la siente y la vive, es libre; libre de pasiones, libre de ambiciones terrenales, libre de angustias, y entra en la eternidad. Jesucristo resumía este proceso de identificación cuando decía: "Mi Padre y yo somos uno".

Los acontecimientos violentos de estos últimos años me han hecho reflexionar mucho sobre cuan necesaria es la paz  como condición para que nuestra nación pueda ser grande y productiva. Los actos de violencia sólo hablan de mezquindad, de codicia, celos, ansias de poder y pasiones exacerbadas en función de intereses personales y esas no son características de un País grande. Para ser grande en primer lugar tendremos que aprender a instaurar la paz en los corazones de los venezolanos, y sobre este tema el  Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov nos habla en sus conferencias grabadas de las cuales le transcribo una parte.

“En el mundo entero, ¡hay tanta gente que desea la paz! Pero esta paz es irrealizable porque no saben lo que es ni cómo buscarla. Para conocer lo que es la paz, hay que estudiarla desde el punto de vista esotérico, e incluso, cuando llegamos a conocerla, es una de las cosas más difíciles de realizar.

“Bienaventurados los que aportan la paz, decía Jesús, porque serán llamados hijos de Dios.” Para relacionar de esta manera la paz con la dignidad de hijo de Dios, debía Jesús considerarla como algo extremadamente precioso. ¡Y cuántas veces en los Evangelios pronunció la palabra paz! “¡Que la paz sea con vosotros!” o “¡Id en paz!” Y al final, al dejarles, les dijo a sus discípulos: “Mi paz os dejo, mi paz os doy.” ¿Qué quería decir con eso? ¿cómo entendía la palabra paz?

Observaremos que los humanos creen siempre poder instalar la paz suprimiendo algo, o a alguien, exterior a ellos. Y ahí es donde se equivocan. Aunque suprimiesen el ejército y los cañones, encontrarían otros medios de destruirse. Se puede decretar la paz e intentar imponerla por la fuerza, pero esta paz no podrá durar si se mantienen las causas de la guerra. La paz, es, en primer lugar, un lugar interior que no obtendremos nunca suprimiendo algo, sea lo que sea, en el exterior. Es, pues, dentro de nosotros mismos donde debemos empezar a trabajar por la paz. ¿Queréis un ejemplo? He ahí que alguien que, para satisfacer sus apetitos, ha contraído deudas y no puede reembolsarlas como se había comprometido a hacer; ¿cómo puede tener paz? “¡Huyendo!”, diréis. De acuerdo, pero ¿Cómo huirá de los acreedores que hay dentro de él: las inquietudes, las indisposiciones que le persiguen?... Razonar así, es carecer de conocimientos verdaderos. No hay que hacerse ilusiones, el pensamiento nos alcanza siempre.

En apariencia resulta fácil para cada uno encontrar la paz: basta con ir a ciertos lugares deshabitados, al bosque, al desierto o a la montaña, a los lugres en donde reinan la soledad y el silencio. Allí estamos tranquilos, nadie nos molesta. Pero no por esos estamos en paz. ¿Por qué?  ¡Porque nos hemos llevado a nuestro “transistor” con nosotros! Si, los humanos llevan siempre un transistor en su cabeza, no se separan nunca de él, siempre lo tienen encendido. Aunque estén en la soledad y el silencio, interiormente están conectados siempre con su marido, con su mujer, con su suegra, con sus hijos, con sus vecinos, con su jefe, con sus rivales.... y entonces, ¡qué discusiones! No cesan de agitar las ambiciones, las exigencias, los rencores, las decepciones de su naturaleza inferior; y aunque exteriormente todo esté tranquilo, interiormente las tempestades y los huracanes hacen estragos. Y todas estas agitaciones interiores, en un momento u otro acaban teniendo repercusiones en el exterior.

Para obtener la paz, es indispensable conocer la naturaleza y las propiedades de cada elemento: pensamientos, sentimientos, deseos, a fin de no introducir nada dentro de nosotros que pueda turbar la armonía interior; y al mismo tiempo, hay que trabajar para eliminar del organismo todo aquello que no vibre al unísono con el mundo de la luz.

No podréis conocer la paz hasta que no hayáis introducido la pureza en vuestra células, en todo vuestro ser, gracias a los pensamientos y los sentimientos desinteresados: la generosidad, la abnegación, la misericordia, el perdón, no busquéis otra cosa. Únicamente estos pensamientos y esto sentimientos, porque son puros, os aportarán la paz.  Alguien se ha portado mal con vosotros; si sólo pensáis en la manera de decírselo o de vengaros, ¿cómo encontraréis la paz? Sin embargo, ¿acaso no ocupan cotidianamente los humanos una parte de su tiempo en cavilaciones de este tipo? ¡Cuántos malentendidos, cuántos conflictos y ajustes de cuentas cada día! Y si no se producen concretamente estos enfrentamientos reales, tienen lugar en el corazón, en la cabeza.  Todo eso es demasiado personal, ¡demasiado egoísta! Y aunque después estén tranquilos durante unas horas, durante unos días, no por eso puede decirse que han encontrado la paz. Se trata de un reposo breve, de una tregua (y esta paz, hasta los malvados pueden tenerla), pero después, de nuevo son presa de los desórdenes y de los tormentos. El hecho de que no sintáis agitaciones ni trastornos durante unas horas, no significa aún que hayáis alcanzado la paz. La paz, la verdadera paz, es un estado duradero. Un vez que habéis logrado instalarla en vosotros, ya no podéis perderla.”(1)

Aunque muchos venezolanos no hayan tomado parte activa en las manifestaciones cívicas o las violentas, quiero decirles que dentro de cada uno de nosotros fluye un mundo de emociones que energéticamente influye en el ambiente y pone en movimiento o potencia las emociones de nuestros hermanos compatriotas. Cada corazón, cada mente está conectada con todos los corazones y mentes del universo y emanan una energía que influye positiva o negativamente en los demás. Yo me pregunto, ¿qué clase de emanaciones quieres generar?, ¿las que ayuden a crear la paz y un País grande y productivo o las emanaciones que contribuyan a la destrucción y desesperanza. Si amiga y amigo, tu contribución energética es importante para construir un nuevo País, una Nueva Tierra donde reine la paz, la armonía, la justicia, la comprensión, la tolerancia, donde todos podamos vivir sin miedos, donde reine la alegría y la seguridad de que a nuestros hijos les aguarda un futuro lleno de toda clase de posibilidades para desarrollarse y evolucionar.

En estos momentos de reflexión y recogimiento podemos revisar y reconocer la calidad de pensamientos y sentimientos que fluyen en nuestro cuerpo y  trasmutar los negativos mediante afirmaciones positivas, la oración y la meditación.

Que Dios te bendiga y bendiga a este bello y maravilloso País Venezuela.

[1] Copiado textualmente del libro SOIS DIOSES del Maestro Omraam Mikhaël Aïvahov, pp.136-137, 144-145