La Educación Prenatal Como Garantía de Una Humanidad Sana

En el mundo occidental el materialismo, omnipotente de la medicina y la psicología  han estado dudando del estado cognitivo y comunicativo de los neonatos y han hecho que sean los médicos los que controlan la calidad y el resultado de los embarazos, mientras los padres sólo hemos sido observadores pasivos cuyo papel ha comenzado después del nacimiento del niño. Y es así como el embarazo ha sido y sigue siendo típicamente visto como un período de espera de un evento futuro, libre de consecuencias.

Mientras esta forma de ver el embarazo y nacimiento caracteriza nuestra sociedad, una serie de hallazgos empíricos y estudios científicos sobre el comportamiento sensorial, psicológico, social y motor del bebé intrauterino prueban que estas nociones y comportamientos occidentales son inapropiados y que las ideas que los respaldan son obsoletas.

Hoy días sabemos que el bebé intrauterino reacciona ante diferentes estímulos como el sonido (la música), la voz de sus padres, la luz, los sabores, y los estímulos táctiles. Ellos son sensibles y conscientes y  tienen capacidad de comunicarse y aprender.

Los resultados de algunos estudios realizados en estos últimos treinta y tantos años son tan sorprendentes, alentadores y de un valor inestimable en la compresión de quienes fuimos y quienes somos, y de los cambios que tendrían que llevarse a cabo en la paternidad, y en la educación en general para producir una sociedad óptima, mucho más pacífica, inteligente, armoniosa y equilibrada. Y por esa razón muchos psiquiatras, médicos, maestros, comadronas y personas en general han sentido la necesidad de agruparse para difundir esta información al resto del mundo a fin de que los padres de familia tomáramos conciencia de la  importancia de producir cambios radicales en la manera de abordar la concepción, la gestación y el nacimiento del hijo, haciendo que los padres sean los protagonistas de su gestación y nacimiento realizando práctica y contactos amorosos con su bebé intrauterino que con toda seguridad colorearán positivamente el futuro de hijo por nacer.

Son pues estas acciones positivas que van a influenciar a la madre y automáticamente al bebé también porque ya sabemos que las vivencias (sentimientos y pensamientos) de la madre gestante, influenciadas por su entorno familiar y social, determina en gran medida la calidad del ser por nacer. Y esto se produce mediante las vías hormonales y energéticas. Cuando la madre experimenta sentimientos de ansiedad, angustia, miedo, dolor, rabia, su sistema endocrino segrega hormonas como las catecolaminas, que al entrar en el torrente sanguíneo de la madre pasan a la placenta inundando al feto creando en él un estado emocional orgánico de la misma naturaleza; aunque más intenso todavía, debido a su fragilidad y a la ausencia de los mecanismos de defensa que el adulto posee.

Lo contrario también es cierto, cuando la madre experimenta tranquilidad, paz y felicidad, el sistema endocrino segrega las endorfinas que producen en el feto un estado de felicidad.

Estas vivencias quedarán grabadas en la memoria celular del bebé y más adelante van a influenciar la manera en que él reaccionará ante diferentes situaciones en la vida.

La clase prenatal ocurre en el vientre, queramos o no, sea buena o mala. Todos los bebes están escuchando, están aprendiendo. En Thailandia, los bebés intrauterinos con experiencias enriquecedoras con una atención especial muestran ventajas físicas, mentales y psicológicas. Estos bebés son más altos, con circunferencias craneales mayores y presentan un crecimiento motor más aventajado y sus capacidades lingüísticas son mayores, y también sonríen y ríen mucho más en el nacimiento que el grupo control.

En Caracas, Venezuela también se dictó un curso prenatal que contenía técnicas de comunicación de las madres con el bebé. Y los bebés que habían tenido esta experiencia mostraron unas capacidades visuales, auditivas, lingüísticas, memorísticas y motoras superiores. Además las madres  tenían mayor confianza en sí misma, fueron más activas y capaces durante el parto, tuvieron más éxito durante la lactancia materna y mostraron mayores lazos de unión con el bebé y una cohesión familiar mayor.