Cuando Los Sentimientos Del Niño Viven en el Adulto

Los sentimientos son una manifestación natural que surge en base a las experiencias cotidianas con el entorno; Ejemplos: contenta, feliz, triste, brava, mala, temerosa avergonzada, humillada, impotente, confundida, estimulada, extática, maravillada. Nos ayuda a expresar nuestras necesidades personales, y hacer que otros de alguna manera respondan a esas necesidades. Ningún sentimiento por si solo es malo o bueno. La expresión de los sentimientos y la validación o el reconocimiento de los mismos por otros es importante en las relaciones interpersonales sanas.

Cuando niños, a la mayoría de nosotros nuestros padres, maestros nos enseñaban que los sentimientos eran malos y que debían ser ignorados, reprimidos o negados para ellos poder escapar de la incomodidad de sus propias emociones traumatizadas de infancia y adolescencia. Ellos aplicaron sus propios programas en nosotros sus hijos:

“Cállate y te daré una paliza para llores”

“No, no te sientas así:”

“Di algo bueno o no digas nada”  Etc.

Como niños nuestros sentimientos fueron una expresión de nuestras necesidades básicas de amor, afecto, libertad, juego, comida, compañía etc.

Si ciertas necesidades básicas no fueron satisfechas en cada etapa de desarrollo del niño, y se mantienen como un “residuo” activo de sentimientos y de necesidades en la mente subconsciente, causando desórdenes del comportamiento, incluyendo adicciones, creando voces internas negativas y drenando nuestra capacidad para ser creativo para tener poder e intimidad no permitiendo unas relaciones interpersonales armoniosas en una familia o entre amigos.

Existen muchas formas terapéuticas de limpiarnos de esos sentimientos que nos hacen responder inapropiadamente y nos pueden causar depresiones crónicas, ansiedad, aburrimiento, dolor, tensión, enfermedades, exceso de peso, comportamientos adictivos, comportamiento pasivo-agresivo y la forma disfuncional de educar a los hijos. Unas de ellas son las terapias regresivas.